Zonda, una tejedora que comenzó en este mundo del tejido desde muy chica, cuando apenas tenía 14 años y continúa hasta la actualidad, trabajando en el Taller Artesanal <<En ese entonces, practicaba sola porque no tenía quién me enseñara. Un buen día, logré sacar un trabajo, vi que había salido bien y ese fue mi punto de partida. Pronto me empezaron a encargar algunos trabajos chiquitos y así fue como empecé a hacer camino.>>
<<La experiencia de esos primeros años fue algo hermoso, porque veía que mi trabajo iba mejorando día a día. Sentía una emoción enorme al ver que mi propia habilidad y el conocimiento que iba adquiriendo los estaba poniendo en práctica>> nos relata Zonda.
<<Quien conoce este oficio sabe que el proceso lleva su tiempo. No es algo que se haga apurado; hay que comenzar hilando una hebra, luego otra, y después torcer esas dos hebras juntas. Ese paso es fundamental para que, al momento de armar la prenda, el hilo tenga la resistencia necesaria en el telar. Recién después de torcerlo viene el tratamiento. En ese momento es cuando una evalúa la cantidad de hilo que tiene y define qué prenda puede salir: las chicas llevan menos, y las grandes, lógicamente, llevan más.>>
<<Con el tiempo, la vida me fue llevando por distintos lugares compartiendo lo que sé. Me ofrecieron un proyecto en la escuela rural de Colan Conhue, así que me fui para allá a dar clases de lunes a viernes, y regresaba a mi casa los sábados y domingos. En ese momento, en mi pueblo, Rayito Simionatto —que estaba en Cultura— me quería dar un taller, pero a mí no me daba el tiempo por los viajes. Así que fue mi hijo mayor Abel, quien se hizo cargo de dar ese taller de telar mientras yo estaba trabajando en Colan Conhue.>>

<<Cuando ese proyecto terminó, regresé y comencé a trabajar en el Club Ferro. Rayito me propuso sumarme para hacer la limpieza en la parte de arriba. Fui y comencé, pero como los talleres arrancaban en febrero, me preguntó si me animaba a dar clases también ahí, porque en el Ferro funcionaban otros espacios: manualidades con Alicia Toro, clases de guitarra, ensayos de folklore. Así fue como sumé mi taller de telar en el Ferro>>
<<Más adelante, me encontré con doña Irene Mohana, que estaba coordinando actividades en el Taller Buyita. Acepté y estuve unos años dando talleres allí también a través del SEPALO. En esa época repartía mis horas entre cumplir con mi trabajo y dictar las clases, mientras que en mis momentos libres seguía hilando>>
<<Después hablé con doña Irma Viña y le pregunté qué posibilidades había de ingresar en el Mercado Artesanal como artesana. Ella me recibió muy bien y me dijo que comenzaría cuando quisiera. Para dar ese paso, tuve que tomar la decisión de dejar el club, porque el Ferro me demandaba muchas horas y mis dos hijos más chicos se quedaban solos mucho tiempo. Elegí priorizarlos, dejé el club y me metí de lleno en el mercado artesanal Y bueno, ahí estoy, empecé a trabajar en ese espacio y sigo haciéndolo hasta el día de hoy>>
<<Es una historia larga la de mi trabajo, pero si hay algo que puedo asegurar, es que nunca me pasó eso de mirar atrás y decir “este trabajo me quedó mejor que aquel”. Nunca lo vi de esa manera. Al contrario, siento que con cada pieza salgo mejor parada, porque sigo perfeccionándome día a día y siempre trato de que la próxima prenda que salga de mi telar sea superadora.>>

