Las abejas no ven las flores como nosotros. Su visión está adaptada para detectar la luz ultravioleta, un espectro invisible al ojo humano.
Gracias a esto, pueden ver patrones en los pétalos que nosotros no percibimos, como “guías de néctar” que las conducen al centro de la flor. Estos patrones actúan como señales visuales, facilitando la polinización. Lo que para nosotros es una flor común, para ellas es una especie de mapa luminoso hacia el alimento.
Un sistema creado por científicos británicos nos ofrece ahora la posibilidad de ver el mundo como lo ven estos insectos.

foto Klaus Schmit
Los investigadores recolectaron las llamadas medidas “espectroreflectoras” de los pétalos y las hojas de un gran número de plantas. Estas medidas muestran el color de las plantas tanto en su espectro visible como invisible.
Los usuarios de la base de datos pueden calcular cómo el aspecto de estas plantas varía para cada insecto polinizador, basándose en estudios que determinan qué parte del espectro ve cada especie.
Los científicos lograron inferir qué colores ven los insectos insertando microelectrodos en sus fotoreceptores y utilizando además otros métodos de estudios conductivos menos invasivos.
Ver el mundo a través de los ojos de los insectos puede revelar zonas que son invisibles al ojo humano. Éstas funcionan como una suerte de guía para acercar al insecto al néctar del que se alimenta.

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Estas zonas pueden adoptar la forma de varios círculos concéntricos formados por puntos de colores.
“Con frecuencia, se puede encontrar que en los patrones radiales simétricos hay un área central de un color diferente. En otras flores hay también puntos en el centro que indican, básicamente, dónde hay un orificio para que la abeja ponga su lengua para extraer el néctar”. (Lars Chittka, profesor de la Escuela de Ciencias Biológicas y Químicas del Queen Mary)
