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Un fenómeno tectónico sin precedentes está ocurriendo en África

Tres placas continentales se separan lentamente, creando una grieta que podría dar lugar a un océano en un futuro cercano.

El espectáculo geológico que ofrece África Oriental no requiere tecnología satelital ni modelos digitales para evidenciarse: la fractura es visible a simple vista. Valles que se hunden, elevaciones volcánicas que emergen y desplazamientos del terreno son señales concretas de que el continente se encuentra en un proceso de fragmentación.

Según geólogos internacionales, el Cuerno de África avanza hacia una separación gradual del resto del continente debido a un fenómeno tectónico visible desde la superficie.

La transformación, aunque ocurre en escalas de tiempos geológicos, se manifiesta en movimientos detectables y paisajes de ruptura que revelan el dinamismo de la Tierra.

Una de las grietas más notorias se extiende desde la región de Afar, en el norte de Etiopía, hasta el sur de Kenia, cerca de la frontera con Tanzania. Este corte tectónico marca una línea clara entre placas continentales que se separan lentamente.

De continuar el proceso, los científicos prevén que el Cuerno de África termine convirtiéndose en una gigantesca isla, rodeada por un nuevo océano cuya formación ya se estaría iniciando.

Esta fractura no solo es geológicamente significativa, sino también simbólica: atraviesa el Kilimanjaro, el pico más alto del continente, y redibuja el mapa africano en tiempo real. Para los científicos, constituye una oportunidad única de estudiar cómo se comporta la corteza terrestre cuando un continente empieza a dividirse.

La región afectada se encuentra cerca del Canal de Suez, una arteria estratégica del comercio internacional. Cualquier alteración en la geografía de esta zona podría modificar las rutas marítimas, influir en el transporte de mercancías y transformar los ecosistemas locales.

Una aceleración inesperada del proceso tectónico. Durante mucho tiempo, los especialistas calcularon que la separación de África tomaría millones de años. Esa percepción cambió radicalmente en 2005, cuando en el oeste de Etiopía se abrió una grieta de 60 kilómetros en cuestión de minutos. El terreno se desplazó dos metros de forma repentina, un fenómeno que, bajo condiciones normales, tardaría siglos en ocurrir.

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