Miguel Ángel nació en la pequeña localidad de Río Chico, en la provincia de Río Negro. En ese rincón de la estepa transcurrieron sus primeros años, viviendo allí hasta los 13 años. Como ocurre con muchos jóvenes de parajes rurales, continuar la educación significaba migrar.
«Tuve que emigrar a San Antonio Oeste para continuar mis estudios secundarios» nos cuenta Miguel. Tras un año de adaptación en la costa atlántica, una nueva oportunidad reconfiguró su rumbo: la apertura de una residencia estudiantil en Comallo. Allí se trasladó para cursar cinco años intensos de estudio hasta culminar la secundaria.

Con 18 años recién cumplidos y el título secundario bajo el brazo, Miguel Ángel anduvo un tiempo por la imponente Bariloche. Eran finales de siglo, una época de grandes cambios institucionales en el país. A él le tocó vivir uno de los últimos años de la tradicional revisión médica para el Servicio Militar Obligatorio. Para cumplir con este requisito, viajó por primera vez a Neuquén Capital. Lo que para muchos era motivo de gran incertidumbre, para él terminó siendo una anécdota de buena fortuna decidida por el azar: le tocó el número 116 en el sorteo. En aquel entonces, el ingreso efectivo se realizaba a partir de los números 300 o superiores. Al quedar exceptuado por número bajo, se ahorró el ingreso a las filas del servicio militar.
Esa primera visita médica a Neuquén sembraría la semilla de su futuro. Durante un tiempo, su vida transcurrió en un constante ir y venir entre el paisaje montañoso de Bariloche y la capital neuquina. Finalmente, la balanza se inclinó. Entre 1998 y 1999, Miguel Ángel decidió armar las valijas de manera definitiva y radicarse en Neuquén, la ciudad que terminó adoptándolo y donde hoy atesora las memorias de un largo camino recorrido por las rutas patagónicas.
Sus primeros recuerdos cantando se remontan a su infancia, uniendo la calidez del hogar con el entusiasmo de las primeras audiencias locales: sus primeras canciones sonaron en la intimidad de su casa y en las reuniones familiares. Con el tiempo, esa pasión infantil se trasladó a los actos escolares de su pueblo, donde empezó a foguearse ante el público. Al iniciar sus estudios secundarios, su voz comenzó a viajar a localidades vecinas como Pilcaniyeu ,Ingeniero Jacobacci y San Carlos de Bariloche. En uno de los eventos culturales más importantes de la Línea Sur: la Fiesta Provincial del Michay. “El primer escenario importante, que para mí fue un sueño, una alegría inmensa y una emoción, fue cantar en la Fiesta Provincial del Michay”. Aunque los años exactos se diluyen en la memoria, lo que permanece intacto es el agradecimiento hacia un grupo de amigos — Rayito Simionatto y Susana Mingot — que supieron ver en él un potencial artístico único. Ellos creyeron en su talento y le abrieron las puertas de ese gran escenario, marcando el inicio de lo que siempre había soñado: dedicarse al canto con todas sus fuerzas.
A partir de aquella gran noche, el horizonte de Miguel Ángel se expandió por completo. Dejó de ser el joven que cantaba para los amigos para convertirse en una voz respetada en los festivales de la región. Su voz comenzó a sonar en los escenarios más emblemáticos de la provincia: Fiesta Provincial de la Piedra Laja: Tuvo el honor de presentarse en la mismísima primera edición de esta tradicional fiesta en Los Menucos. Fiesta del Cordero: Llevo su canto a la localidad de Sierra Colorada. Encuentros culturales en Bariloche: Participó activamente en la Bienal de Arte Joven, en el mítico encuentro de coros y música Patagonia Canta y en la Fiesta Nacional de la Nieve. Este recorrido no solo amplió su público, sino que transformó su relación con el arte. A partir de ese momento, Miguel Ángel asumió su vocación con un compromiso y una seriedad absolutas, consolidándose como un verdadero embajador cultural de los caminos patagónicos.
Al radicarse definitivamente en la provincia de Neuquén, su talento se midió con el de numerosos artistas locales en un certamen de gran exigencia: participó en una competencia de varias instancias que reunió a los valores más destacados de la provincia. Se consagró ganador de la gran final en el rubro Solista Vocal Masculino en Neuquén Capital. Este logro le permitió grabar su primer trabajo discográfico, titulado Llorando Ausencias, homónimo de la zamba que interpretó a lo largo de todo el concurso. A partir de este hito, su agenda artística se expandió. Comenzó a presentarse con su propia banda en celebraciones de gran envergadura como la Fiesta Nacional de la Manzana, y a recorrer provincias como La Pampa, Buenos Aires y La Rioja. Su proyección nacional alcanzó la cumbre al integrar las delegaciones oficiales neuquinas. Esto lo llevó a cantar en destacados teatros de la Capital Federal y a pisar de manera consecutiva el mítico festival de Cosquín entre 2005 y 2007, coronando esta experiencia en el Escenario Mayor Atahualpa Yupanqui. “Actuar en el escenario mayor de Cosquín con la delegación oficial fue el recuerdo y la emoción más importante vivida arriba de un escenario” confiesa Miguel.
En su camino musical, Miguel Ángel tuvo el honor de sumarse a las filas de Sanampay, un grupo fundamental de la música latinoamericana fundado en los años 70 en México por exiliados argentinos y músicos locales, bajo la dirección del prestigioso maestro neuquino Naldo Labrín. Su permanencia en la banda se expandió por más de 20 años. La trayectoria de Sanampay culminó su ciclo histórico con una imponente gira de despedida. Tras recorrer escenarios de Río Negro, Neuquén, La Pampa y Buenos Aires., el llamado del público internacional no se hizo esperar. Músicos y seguidores en tierras aztecas impulsaron una última travesía hacia el lugar donde nació el proyecto. Mover una formación de 15 personas requirió una enorme logística y esfuerzo económico, pero el resultado fue un sueño inolvidable. Realizaron dos conciertos y una charla-concierto universitario en Ciudad de México, un show en Guadalajara y un concierto homenaje a Cuba en la ciudad de Tlalpan.

El encuentro con el público mexicano fue conmovedor, con audiencias enteras coreando las canciones entre risas y lágrimas de emoción. El viaje propició que Naldo Labrín se reuniera con grandes figuras y fundadoras del espacio, como la reconocida cantante Guadalupe Pineda.
La gira originalmente contemplaba una extensión hacia Cuba. El mismísimo Silvio Rodríguez, amigo cercano de Naldo Labrín, se había comprometido a organizarles un circuito de presentaciones por tres o cuatro ciudades de la isla tras su visita a Buenos Aires. Lamentablemente, la compleja situación energética y las restricciones actuales en el país caribeño obligaron a suspender esa etapa del viaje. A pesar de quedar como una anécdota trunca, el deseo de Silvio sigue firme para cuando las condiciones lo permitan. El recorrido de Miguel Ángel también se destaca por su enorme versatilidad de formatos y repertorios. Ha grabado dos discos en calidad de solista ( Llorando Ausencias y Abuela Mapuche ) y aportó su voz en seis o siete producciones discográficas junto a Sanampay.. Asimismo, ha participado en obras conceptuales de profunda impronta social e histórica, cuentos como la Cantata a Jaime de Nevares y la Cantata a Gregorio Álvarez. En paralelo, su interpretación como solista de la célebre Misa Criolla lo ha llevado a unirse a diversos coros, agrupaciones andinas y orquestas sinfónicas, atesorando la oportunidad única de haberla ejecutado junto al maestro Jaime Torres. Además, ha compartido la música popular con la Orquesta Sinfónica del Neuquén, dividiendo el escenario con figuras de la talla de Susana Rinaldi, Raúl Lavié y Nito Mestre.
En el día a día, aunque Miguel Ángel complementa su economía con otro trabajo que le apasiona: se desempeña en el archivo de la Orquesta Sinfónica del Neuquén. Este espacio lo mantiene en contacto cotidiano con el universo sonoro, rodeado de partituras, ensayos y la preparación del material que la orquesta interpreta. De cara al futuro, sus proyectos se dividen en dos horizontes claros. A corto y mediano plazo, continúa enfocado en la composición de nuevas canciones.
A largo plazo, anhela volcarse a la docencia para transmitir sus saberes: “Me gustaría hacer un poco de docencia de todas las experiencias cosechadas para que las nuevas generaciones tengan este punto de vista y les sirva en el camino que emprenden, los nuevos valores”. Con el corazón lleno de gratitud hacia los colegas que le tendieron una mano en sus inicios y hacia maestros como Naldo Labrín, Miguel sigue creando. Su meta permanente sigue siendo la misma que lo impulsó a cantar desde niño: lograr que sus canciones sigan llegando de forma directa al corazón de la gente.

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Fotos cedidas por Miguel, gracias!!!!!
