Dejó este plano, Brigitte Bardot

Brigitte Bardot, quien falleció este domingo a los 91 años, marcó un quiebre en la pantalla: terminó con la sobria representación cinematográfica de la mujer de los años 50 y pasó a personificar una nueva era de liberación sexual.

Brigitte Anne-Marie Bardot ​​ fue una actriz, cantante y escritora francesa, reconocida por haber sido icono de la moda y símbolo sexual de mediados del siglo XX, además de activista de derechos de los animales, fundadora y presidenta de la fundación que lleva su nombre.​​Su trayectoria como actriz comenzó en 1952.

Nació en París el 28 de septiembre de 1934. Ella y su hermana, Marie-Jeanne, crecieron en un lujoso apartamento en el distrito más adinerado de la ciudad. Sus padres eran ricos, católicos y estrictos. Exigían altos estándares de rendimiento a sus hijas y vigilaban sus amistades de cerca. Si rompían un jarrón, las castigaban con azotes.

Su madre fomentó su interés por el baile y la inscribió en clases de ballet desde los 7 años. Su profesora en el Conservatorio de París la describió como una alumna excepcional y ganó varios premios.

Pero a Bardot la vida le resultaba claustrofóbica. A los 15 años, recordó más tarde, “buscaba algo, quizás la plenitud” de ser sí misma. Un amigo de la familia la convenció de posar para la portada de Elle, la revista femenina líder en Francia, y las fotografías causaron sensación.

La actriz francesa participó en cerca de 50 películas y dejó dos escenas legendarias: un mambo febril en un restaurante de Saint-Tropez (“Y Dios creó a la mujer”, 1956) y un monólogo en el que enumeraba, desnuda, las diferentes partes de su cuerpo, al comienzo de “El desprecio” (1963). Sin embargo, ser comercializada despiadadamente como un símbolo sexual hedonista fue algo que ella llegó a detestar.

Con los años, Bardot vio frustrada su ambición de convertirse en una actriz seria y abandonó tempranamente su exitosa carrera para dedicarse a la defensa de los derechos de los animales.

La existencialista Simone de Beauvoir la describió como un icono de la “libertad absoluta”, elevando a Bardot a la categoría filosófica.

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