Marisa Simionatto: la mujer que desafió al viento y al destino en los cielos del sur

En un mundo que parecía reservado para los hombres, Marisa Simionatto logró lo que pocas: convertirse en piloto comercial e instructora de vuelo en la provincia de Río Negro. Nacida en Jacobacci, su voz fue durante años la única presencia femenina que escuchaban los controladores aéreos en la inmensidad de la Patagonia. 

Un título por un sueño: La pasión de Marisa por los aviones surgió de manera fortuita. Sin antecedentes familiares en la aviación, un encuentro con el instructor “Negro” García en el aeroclub local cambió su vida. Tras un breve vuelo donde demostró un talento natural, supo que su lugar estaba en el aire. Sin embargo, para cumplir su sueño debía negociar con su madre: “Yo voy a estudiar la carrera que vos quieras… cuando me reciba, te regalo el título y vos me das la plata para hacer el curso de piloto”.  Cumplió su palabra. Se recibió de maestra con notas sobresalientes, le entregó el diploma a su madre y partió hacia Bahía Blanca para iniciar su formación. Completó su teoría en Buenos Aires y la práctica en Cipolletti y diversos aeroclubes, alcanzando niveles de vuelo instrumental y nocturno.

A diferencia de muchos pilotos que aspiran a las grandes líneas aéreas, Marisa amaba el trabajo aéreo independiente. ” tenés que sentir el viento, la turbulencia”, explica con nostalgia.  Durante años, realizó vuelos sanitarios críticos desde Jacobacci hacia Bariloche. Sus relatos son crudos y reflejan la responsabilidad que cargaba:  Traslados de emergencia por casos de “vida o muerte”, dejando su trabajo en el negocio familiar al sonar el teléfono del hospital.  Transporte de pacientes graves, niños heridos y suministros de sangre.  Vuelos con el doctor Canceller o Del Carpio, donde incluso el médico (Canceller) —también piloto— tomaba los mandos mientras ella asistía al paciente. Además de lo sanitario, trabajó en la detección de incendios en Bariloche, volando cada mañana para localizar columnas de humo y coordinar el combate al fuego. También participó en “vuelos del banco”, transportando caudales con policías armados a bordo. 

La carrera de Marisa estuvo marcada por la intensidad. Relata haber volado en bimotores como el Cessna 310 (que sufrieron fallas de motor camino a Comodoro) y el emblemático Cherokee Lima Víctor Lima Romeo Whiskey.  Uno de sus recuerdos más dramáticos ocurrió un invierno, hacia Bariloche con muy poco combustible y bajo nubes cerradas. Tras perderse y ser dada por “desaparecida”, logró un aterrizaje milagroso:  “Apareció así como de milagro, un corral de ovejas… ahí full flap me ayudaron a frenar y aterrizamos”.  Este episodio fue el que llevó a su padre a pedirle que dejara de volar, tras el impacto de creer que su hija había muerto.  Marisa dejó la actividad paulatinamente por pedido familiar y por la llegada de su hija, con quien llegó a volar incluso estando embarazada de ocho meses. También enfrentó la pérdida de su pareja e instructor, Gene Illanes quien falleció en un accidente en Tucumán.

A pesar de los años y de las prótesis en sus caderas producto de una vida de deportes extremos (artes marciales, boxeo, tiro), el corazón de Marisa sigue en el aire. Sueña con volver a realizar un vuelo como piloto privado para “darse el gusto”.  Hoy, entre recuerdos de cóndores volando ala a ala con su avión y atardeceres mágicos dirigiéndose hacia la luna llena, Marisa reflexiona: “No me quedé con ganas de nada… me han pasado cosas maravillosas, unas aventuras espectaculares”

Otros Posts