La empatía es la capacidad de conectarse emocionalmente con los demás individuos, porque permite reconocer, compartir y entender los sentimientos y los estados de ánimo de otros seres humanos. Es un rasgo típico de los humanos, pero también de mamíferos como los elefantes, los perros y los grandes simios.
El término engloba a una serie de conductas y capacidades centradas en la respuesta a las emociones de los demás. James Burkett, investigador del departamento de Salud Ambiental de la Universidad Emory (EE. UU.), explica que el concepto se divide en dos grandes categorías: la empatía emocional y la cognitiva.
Cuando vemos a alguien lesionarse o a una persona querida llorando, se nos despierta la emocional. “Configura nuestra respuesta instintiva y reflexiva hacia los sentimientos de los demás, y nuestra motivación inmediata para responder”, señala el científico.
En un nivel diferente, estaría imaginar los pensamientos y emociones de los demás, y pensar en cómo ayudarlos. Esa sería la empatía cognitiva, que es mucho más sofisticada y estaría limitada, según Burkett, a humanos, grandes simios, elefantes, perros y algunas aves de gran cerebro.
En contadas ocasiones, un exceso de preocupación por el prójimo también puede resultar perjudicial. Es el caso de profesionales que trabajan de cara al público y se enfrentan cada día a dramas humanos.
“Creo que la clave está en entrenar la capacidad de empatizar sabiamente, es decir, saber cuándo usar la propia empatía y cuándo no”, aconseja Christian Keysers, investigador del departamento de Neurociencia de la Universidad de Groninga y del Instituto de Neurociencia de los Países Bajos.

Los cirujanos como ejemplo de profesionales que saben cuándo utilizar esta habilidad. Al hablar con el paciente y con los familiares, la emplean y así comprenden lo que estos necesitan, con lo que logra que se sientan mejor. Sin embargo, en la mesa de operaciones, la reducen al mínimo, para poder actuar de forma racional y sin emociones de por medio.
Nuestra configuración hormonal es diferente. En los varones, la testosterona provoca fácilmente la ira, incluso la agresión, que es la antítesis de la empatía”, Por el contrario, en las mujeres, hormonas como la progesterona o la oxitocina facilitan la comprensión emocional.
La empatía es un valor muy importante, porque fomenta vínculos sanos y respetuosos en todos los ámbitos, como la familia, la escuela, el trabajo y los espacios públicos. Por lo tanto, la falta de empatía hace que primen actitudes negativas que incluyen intolerancia, desigualdad e individualismo.

Fomenta la responsabilidad desde la niñez. La empatía permite que tanto los niños como los adultos tengan en cuenta las consecuencias de sus acciones y tomen decisiones considerando el bienestar de sus seres queridos y del resto de las personas.
Nuestro lema en Kaleido: “no hagas a los demás lo que no quisieras para vos“
