Hebe Tissot, entre la medicina y la musica

<<Mi nombre es Hebe Tissot. En realidad me llamo María Hebe, pero nunca uso el “María”. Mi mamá dice que quedó embarazada en la luna de miel y que le habían regalado un libro de dioses griegos. Hojeándolo, encontró a la diosa de la juventud: Hebe (con H). A ella le pareció hermoso porque era muy jovencita, tenía 23 años, y de ahí vino mi nombre.>> Comienza Hebe contándonos.

<<Nací en Córdoba, aunque mi mamá era neuquina y mi papá porteño. Éramos tres hermanos. En la época del Rodrigazo la situación económica se puso muy difícil; mi papá tenía tres trabajos para intentar llegar a fin de mes. Alrededor de 1982, a mis viejos les ofrecieron un traslado con la Caja de Ahorro hacia Neuquén. En ese entonces, Neuquén era un pueblo desolado, no tenía nada que ver con la ciudad de hoy. Nos criamos ahí: yo llegué a los doce años, mi hermana a los diez y mi hermano chiquito tenía apenas dos.>>

<<Mi papá cantaba serenatas de joven y siempre le quedó el deseo frustrado de seguir haciéndolo cuando ya no tenía guitarrista, así que a mis 9 años me regaló una guitarra criolla. Al principio no le sacaba ni una nota decente, a los 15 años me anoté en el IFA (Instituto Folclórico Argentino), dirigido por los hermanos Berbel. Ahí estudiábamos de todo: solfeo, partituras, canto y guitarra. Recuerdo que en mi primer examen canté una canción de Silvio Rodríguez que me había enseñado un vecino; como la interpreté a mi manera, Hugo Berbel me dijo: “¡Ay, si por lo menos cantaras bien!!”. Pero me quedé cuatro años en el instituto. Éramos unos 50 guitarristas viajando en colectivo por el norte neuquino, haciendo caravanas para cantarle a las escuelas y pueblos. Ahí fui ganando gusto, emoción y experiencia en el escenario.>>

<<Al terminar la secundaria me tocaba elegir qué estudiar. Mi madrina era médica pediatra y me llevaba a sus guardias, así que yo estaba dividida entre la música y la medicina. Al hacer un test vocacional, me salió como profesión Musicoterapia. No me convencía porque no era ni música ni nada, no era ninguna de las dos cosas. En realidad, era una mezcla. No me gustó la idea. Entonces una mujer muy sensata, me dice mirá, yo te voy a dar un consejo, tómalo o dejalo: “La medicina no la vas a poder ejercer como un hobbie, la música sí. Anda a estudiar medicina y a la música dedícate cuando quieras.” Así que armé los bolsos y me fui a la Universidad de Buenos Aires (UBA).>>

<<Antes de empezar la facultad viajé a Estados Unidos a visitar a un tío. Allá todos me pedían que bailara un tango y me dio una vergüenza enorme no saber dar un solo paso. Al llegar a Buenos Aires vi un cartel de clases de tango en la UBA y me anoté sin dudarlo. Rápidamente me incorporé al ballet de la facultad, Tangomed (todavía existe), donde bailé durante 10 años mientras cursaba la carrera, también trabajaba mientras estudiaba. Hacíamos tango de escenario, con trucos y piruetas. Durante mi juventud en Neuquén canté y toqué en varias bandas de rock local, como Dios Parte 3 (donde tocaba una guitarra de 12 cuerdas), Samuel Koch y sus Bacilos y Humanos. Lo mío siempre fueron las tablas.>>

<<A pesar de mi amor por el arte, la medicina —y la cirugía en particular— ha sido mi verdadera vocación. Amo profundamente lo que hago y disfruto ir a trabajar. En mis últimos años de carrera me tocó hacer guardias en el Hospital Gandulfo de Lomas de Zamora. Éramos varios practicantes y nos dividíamos las tareas; a mí me gustaba la acción, ver sangre, resolver lo urgente. Cuando llegó el momento de elegir especialidad, rendí exámenes para ginecología, pero en uno de los concursos por error entré al aula de cirugía general. Vi el ambiente, el desafío, y dije: “Esta es la mía”.>>

<<Comencé mi primera residencia en el Hospital Castro Rendón de Neuquén y más tarde hice la segunda residencia en el Hospital Zonal de Bariloche. Hace ya más de 25 años que soy cirujana.>>

<<En el último año de mi residencia en Bariloche me tocaba hacer una rotación rural de dos meses. Nadie quería ir a Jacobacci, así que me ofrecí. Vine con el que era mi novio en ese entonces (hoy mi marido) y nos quedamos esos dos meses. El médico a cargo del hospital quería que me quedara a reemplazarlo de inmediato, pero tuve que volver a terminar la residencia y organizar la vida de mi hijo Lautaro, que estaba en preescolar. El 1ºde enero de 2010 nos vinimos a vivir definitivamente a Jacobacci. En julio de ese año nos casamos aquí y al año siguiente, en junio de 2011, nació mi hija Delfina. Criar a mis hijos en la tranquilidad de un pueblo fue una bendición: jugaban en la calle, se trepaban a los árboles y los vecinos cuidaban de ellos.>>

<<Durante los años de crianza de los chicos me resultó casi imposible seguir bailando o cantando, porque las clases siempre eran de noche. Hace un par de años, aprendiendo a delegar responsabilidades, me vi con más tiempo libre. Decidí volver a hacer lo que amo. Volver a bailar folclore con el profe Ángelo fue como volver a nacer. Aprendí una variedad inmensa de bailes nativos que jamás me habían enseñado de chica.>>

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