Juan Carlos Cariaga nació en Dolores (Provincia de Buenos Aires) en 1952. Tras mudarse con su familia a Buenos Aires, se formó como artista en la reconocida Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano.
En 1983 decidió afincarse en San Carlos de Bariloche, donde combinó su profesión como Maestro Mayor de Obras (trabajando en INVAP, en el IPPV y de forma independiente) con su incansable vocación artística.
«Al llegar a Bariloche empecé a trabajar con materiales de la zona: esculturas en madera de alerce y piedras calcáreas que traía de Ñirihuau», recuerda Cariaga, quien durante más de diez años también coordinó un taller de modelo vivo mientras continuaba su formación junto a referentes como Tom Maes y Ruth Viegener.
En la trayectoria de Cariaga, la construcción civil y la expresión plástica terminaron fusionándose de manera natural. Así nació su primer domo.

«Comenzó como una escultura gigante de 8 metros de diámetro y 5 metros de alto. Ahí supe que en el vacío generado podía albergar mi taller. No lo dudé: había encontrado el lugar perfecto para trabajar».
Con el tiempo, ese ambiente habitado por esculturas, dibujos y pinturas trascendió su función original y se transformó en una suerte de pequeño museo taller que hoy también recibe a turistas. «Los pasajeros quedan muy agradecidos, tanto por el espacio como por las obras. Es curioso que en estos tiempos la gente esté tan alejada del arte y se sorprenda ante un dibujo o una escultura», reflexiona.
Actualmente, tras construir un nuevo taller (esta vez con estructura de bóveda de cañón corrido), Cariaga continúa creando: dibuja, pinta, esculpe, dicta clases ocasionales y participa en exposiciones a las que es invitado.

Para él, la búsqueda artística mantiene un sentido vital e imprescindible: «El arte nos da el aire necesario para comprender nuestra humanidad».
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