<< Comenzamos la charla con un afectuoso saludo en su idioma, en el cual nos expresó: Buenas tardes, amiga Nilda, y a toda la gente de esta revista donde llegue mi palabra. Mi nombre es Ignacio Prafil, así figura en mi DNI, pero en mi pueblo me llaman Choique Prafil, mi nombre mapuche. Hace más de un año que soy Lonko de la comunidad de Anecón Grande, y quiero compartir con ustedes lo que significa para mí llevar adelante nuestra ceremonia milenaria: el Kamaruko.>>
<<Desde niño aprendí que no se trata solo de un ritual, sino de una filosofía de vida. Nuestros mayores nos enseñaron a promover, difundir y reafirmar estas prácticas que nos conectan con la naturaleza, con la energía, con los seres que nos protegen. El Kamaruko tiene más de 120 años de historia en nuestra comunidad, y cada vez que lo celebramos sentimos que estamos garantizando su continuidad para las nuevas generaciones.>>
<<Recuerdo que desde los cuatro o cinco años comenzamos a bailar nuestras danzas, a escuchar los instrumentos que representan el sonido del mundo y de la naturaleza. No hay coreografía fija: el cuerpo se mueve según lo que siente, según la fuerza que nos transmiten los cantos de las mujeres y la dualidad que se expresa en cada encuentro. Todo se hace en armonía, siguiendo el ciclo del sol, en forma circular, como la vida misma.>>
<<El lugar donde celebramos el Kamaruko no es casual. Nuestros mayores eligieron Anecón porque está en línea con el cerro que dio nombre a la comunidad. Allí levantamos la enramada, el rewe, los fogones familiares. Allí pedimos permiso, agradecemos y ofrecemos lo que la Mapu nos da. Porque Mapu no es solo tierra: es aire, agua, nieve, viento, estrellas. Cuando tocan un cerro, un río o un lago, nos tocan la vida.>>
<<Durante cuatro días vivimos en comunidad, desde la madrugada hasta la caída del sol. Pintamos los caballos, levantamos la bandera, gritamos para despertar la fuerza de la naturaleza. Cada prenda, cada tejido, cada color tiene su canto y su sentido. Las niñas y niños encabezan la ceremonia porque su pensamiento aún no está contaminado, y eso los hace sagrados para nosotros. Durante el baile, la mujer representa una de las fuerzas de la naturaleza. Ella es quien asegura que la memoria y la fuerza de los ancestros (la familia) se mantienen vivas a través de la voz. Sin su canto, la ceremonia carece de la vibración necesaria para alcanzar la armonía. >>

<<El Kamaruko también es resistencia. Nuestros abuelos y padres lo sostuvieron a pesar del genocidio de la Campaña del Desierto y la negación de nuestra identidad. Hoy seguimos luchando contra el olvido y la colonización, defendiendo nuestra espiritualidad y nuestra lengua. No pedimos que otros se hagan mapuche, sólo respeto. Compartimos el territorio, compartimos el aire, y abrimos nuestras ceremonias para que quienes quieran conocer lo hagan desde el respeto.>>
<<Ser Lonko significa tener el deber de hablar con todos y todas, de invitar, de garantizar que la ceremonia se mantenga viva. Es una responsabilidad que heredé de mis mayores, y que asumo con orgullo. Porque el Kamaruko no es solo nuestro pasado: es nuestro presente y nuestro futuro. Es la manera en que seguimos siendo mapuche, en que seguimos siendo parte de la vida.>>
Uno como como mapuche tiene el deber y la obligación de levantarse a la mañana y agradecer.


